Gambas al ajillo

gambas al ajillo

Las gambas son crustáceos altamente ricos en vitaminas, minerales y Omega 3. Se pueden encontrar frescos durante todo el año, lo que es una gran ventaja. Suelen ser criados a base de pescado, lo que les da mayor enriquecimiento a su aporte nutricional. 

Entre las tapas más exquisitas y tradicionales de España encontramos las gambas al ajillo servidas con pan. Por lo general se presentan peladas, pero podemos encontrarlas entera, con todo y su cabeza, ya que para muchos cocerlas así aumenta su sabor, y bien vale que sea un poco más incómodo el momento de la degustación. 

La receta de las gambas al ajillo en sí es muy sencilla y apenas toma unos pocos minutos de preparación. Además, es una excelente base para otros platos, volviéndose de lo más versátil. 

Lo ideal es prepararla con gambas frescas, pero si no encuentras, los langostinos o gambones se adaptan perfectamente a la receta. También se puede preparar con gambas congeladas, para ayudar un poco a la economía de la casa, y quedan igualmente deliciosas. Lo que sí es evitar a toda cosa las gambas arroceras pequeñas, que son bastante insípidas. Ahora sí, ¡a la cocina!

Ingredientes

Hay que tomar en cuenta que si se compran las gambas frescas habrá que limpiarlas previamente. Por lo demás, puedes observar que los ingredientes son muy sencillos, lo que delata una receta de preparación muy simple. 

  • 1 kilogramo de gambas (frescas o congeladas).
  • 2 pimientos de cayena o guindillas secas (cualquiera de las dos).
  • 20 dientes de ajo.
  • 20 cucharadas aproximadamente de aceite de oliva, extra virgen preferiblemente.
  • Sal al gusto.
  • Pimienta al gusto.
  • Vino blanco o vinagre de jerez.
  • Un puñado de perejil fresco picado pequeño.

Estos dos últimos ingredientes son opcionales, y definitivamente no estarían aprobados por aquellos defensores de la receta original. Pero como bien sabemos, el arte de la cocina permite darle diferentes toques personales a las preparaciones

Limpiando y preparando las gambas

Como ya hemos dicho, si se compran las gambas frescas, el primer paso es limpiarlas. Comenzamos por sacarles la cabeza y la cola y pelar. Si está hecho, pasamos al siguiente movimiento. 

Lavamos muy bien las gambas en un cuenco con abundante agua, hasta retirar las impurezas. Colamos y secamos con un paño de algodón, También funciona papel absorbente. En caso de que nuestros crustáceos sean congelados, conviene descongelar desde el día anterior en la nevera. Luego escurrir y secar igualmente. 

Una vez que estén secas procedemos a retirar el intestino, en cualquiera de los casos, y agregamos la sal y pimienta. Reservamos mientras preparamos los demás ingredientes. 

Preparación

Comenzamos por picar los dientes de ajo en láminas delgadas. Colocamos una cazuela al fuego con el aceite y esperamos que caliente para agregar los ajos y las guindillas. Dejamos que se cocinen hasta que doren y adquieran un bonito tono. Es importante que los ajos no se quemen en esta preparación, por lo que es recomendable retirarlos del fuego antes de agregar las gambas. 

Ahora sí, nos aseguramos que las gambas están muy bien escurridas y las agregamos al aceite caliente, aumentamos la temperatura y esperamos un minuto para ver como los jugos de los crustáceos hacen un cambio de color en la preparación. Si es así, vamos por buen camino. Doramos un poco y volvemos a agregar las guindillas junto con el ajo, que hemos reservado para evitar que se quemaran. 

Dejamos cocer un poco más, hasta que los sabores se integren y el ajo se hidrate con el jugo de la gamba, para lograr un sabor ideal. ¡Listo para servir bien caliente!

Servir las gambas al ajillo

Las gambas al ajillo se sirven muy calientes, recién salidas del fogón, por lo que hay que tener cuidado de no quemarse con el aceite hirviendo al comerlas. Lo más tradicional es presentarlas en un pocillo o cazuela de barro, con unas buenas rebanadas de pan y un delicioso vino blanco muy fresco. 

Consejos para preparar las mejores gambas al ajillo

Por supuesto, lo primero es verificar la frescura de las gambas, ya que este es el primordial secreto para una preparación exitosa. En este caso hay que fijarse bien que la caparazón sea dura y brillante, y el aroma neutro. Si tiene toques de amoníaco o están blandos, mejor pasar de ellas. 

Las guindillas o el picante no son imprescindibles. Puedes utilizar solo una o simplemente eliminarlas por completo, si no te gustan en absoluto. Si quieres un toque sutil, la cayena tiene un gusto más suave y puede resultar perfecta. 

Al limpiar las gambas, reserva la cabeza y la cola. Te serán de gran utilidad para preparar un buen fumet de pescados y mariscos. Para retirar el intestino (es el hilo negro que se observa a simple vista) hay que pinchar con un palillo la punta que sobresale y tirar con suavidad. Debería salir entero y no será necesario abrir la gamba. 

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